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Celosas letras

Siempre he dicho que escribir es la profesión más barata del mundo, pero no es del todo cierto. Escribir cuesta, y cuesta mucho. Cuesta hasta que duele. Entre los diálogos se va desgarrando el pecho, entre los personajes profundos se va oscureciendo la vista, dentro de cada palabra, se va muriendo de a poco. De poco en poco hasta llegar a mucho. 
Escribir es el más solitario de los actos. Escribir es la más personal de las aventuras. Uno se va embarrando sobre el papel, quedarán pedazos de sesos esparcidos sobre los poros de la celulosa en forma de caracteres. Hay días que de las letras sale sangre, hay veces que de las letras no sale nada, están solas, huecas, todas abandonadas y tristes. Solas.
Es un ritual que demanda todo. Arrebata. Se hospeda en las imperfecciones y el sufrimiento. Escribir para quedarse solo. Escribir para ocultarse en sí mismo. Es una maldición que uno carga, porque no hay  elección. Uno escribe o simplemente no es. Las letras tienen celos, y no te comparten con …
Entradas recientes

El pegamento de las cosas

IN "OTHERSIDE" DE "RED HOT CHILI PEPPERS" DESDE EL PRINCIPIO COMO FONDO.

Otro lugar. ¿cuántos no desearíamos estar en otro lugar? Yo amo la radio, porque me regala eso. Cerrar los ojos y estar debajo del mar escuchando a los Chilli Peppers, subirle un poco y estar en lo más alto de la montaña dejándonos caer. Sólo hay que subirle de volumen, sólo hay que cambiar de track, pero permanecemos en el mismo sótano pegando muebles. Pegando muebles. Una silla. Otra silla. Otra silla. Una pata, otra pata, otra pata, pegamento, y otra silla. Ponerse los audífonos y empezar el viaje. Muchos días he tomado horas extras porque tengo ganas de escuchar más música.
Las sillas no son sillas, son proyectos de sillas. Vienen en un riel las piezas, yo las armo, pongo resistol entre sus partes, agregó cuatro pijas, y hay otra silla. Yo las armo, pero el pegamento es el alimento de las silla. Sin él no cuajan, se mueven y se terminan venciendo. Yo también tengo mi resistol. Es la música y…

Pólvora en los dientes -1220 AM

IN "EVERY BREATH YOU TAKE" DE THE POLICE (00:00) Y PERMANECE HASTA QUE TERMINA. SILENCIO DE (00:05).

...No sé si se han puesto a pensar en lo fácil que sería convertirse en un asesino cuando tenemos una buena razón. Todos los días vemos en los periódicos asesinatos, robos, delitos que nos pueden parecer despreciables. Todos hemos sido víctimas de una injusticia, todos hemos sentido impotencia alguna vez, todos nos hemos sentido incapaces de entender cómo una persona puede vivir con el remordimiento de un día haber tomado un arma para ponérsela a otro en la frente y simplemente disparar porque el otro se resiste a un asalto. Pero la violencia es un diminuto grano de pólvora que está en medio de nuestros dientes, dispuesto a explotar al más mínimo roce. La violencia no nace de un odio desmedido hacia alguien, no nace de una especie de maldad hospedada en el fondo de nuestros corazones. Todos somos un asesino en potencia que puede despertar a la menor provocación. Del odio al am…

1220 del AM

IN "YOU NEVER CAN TELL" DESDE (00:00) HASTA (02:15), FADE OUT Y PERMANECE DE FONDO.

Son las seis en punto de la mañana, estimados amigos, y eso quiere decir una sola cosa, es la hora, sí. Es la hora de empezar el día, porque no empezamos cuando suena el despertador, mucho menos cuando metemos nuestras grasosas cabezas debajo de la regadera, el día comienza cuando la música suena, y suena a todo el volumen de nuestro reproductor. Así es, si allá en casita no prenden la radio pues nomás no inicia el día. No es con una copa de café, no es con los primeros rayos del sol, es cuando, como esta mañana escuchamos al más grande de todos los rockeros, al inigualable Chuck Berry interpretar ese maravilloso tema musical, que ahora se repite y se repite en un loop interminables... ¿Se imaginan? Una canción que no terminara nunca, que sonara siempre dentro y más adentro de nuestros audífonos, ahí justo en donde inicia nuestra alma, que no es en nuestro cuerpo, sino en algún lugar del espac…

Otoño

Grandes moldes reciben metal incandescente  que luego habrá de convertirse en una campana formada de aleaciones del cobre con estaño y un toque de bronce. Todas las campanas son hechas para sonar, para sonar muy fuerte. Para retumbar hasta las montañas pasando por los altos pinos y los tejados alargados. Para hacer cimbrar los cuerpos. Para alertar de las emergencias. Para impedir que todo deje de ser como está. Las campanas están hechas para redoblar sobre los vientos y expulsar sonoros ecos por todos lados. Fuerte. Muy fuerte.
Cuando el incandescente metal terminó de vaciarse sobre el molde, pasó un cuervo mudo muy cerca del taller de campanas de Don Mundano, tan cerca, que se cubrió con el brazo el rostro mientras se agachaba un poco. Sin embargo, no cruackó sobre él, ni lo hizo por el resto del recorrido que lo llevó hasta pararse en el árbol seco que daba escasa, pero valiosa sombra durante ese otoño. Mundano regresó la vista al molde, sólo se había distraído unos segundos, sufici…

No te debía querer, pero te quise

Como todas las tardes después de caminar por Chapultepec, me senté frente a mi piano acompañado de una copa de vino. Sé que puede sonar a estereotipo, pero eso es lo que hago. Arremangarme las mangas de la camisa, prender un cigarro, levantar la carpeta azul que reposa sobre el piano y tomar un poco de aire para concentrarme en ti. No voy a mentir, hay veces que tardo unos minutos mirando sólo tu fotografía, dando largos tragos a mi copa, incluso podrían haber sido horas. También he llegado a cerrar los ojos. Mentiría si digo que no he llorado abrazado de tu recuerdo. Pero llega un momento en que después de tragarme esas lágrimas, deslizo mis largos dedos sobre el piano, y te olvido.
Así es todas las noches. Buscar entre tus recuerdos el recoveco exacto que se convierta en una nota. No dudo que llegue el día en que la canción que que queramos escuchar se reproduzca con sólo mencionarla al aire. Hoy no es así. Hoy evoco tu memoria y le doy vida con las notas del piano. Tardo un poco, pe…

Cruzando el farol

Lo encerraba todo en una masa sin color. Era tan grande como dispersa, una nube inmensa repleta de nada, frente a mi. El único farol de la calle, hacía que el resto del mundo se desvaneciera hasta desaparecerse ahí, en la nada, en el vacío de la oscuridad. Alejarse del farol esa noche sin luna, también significaba escuchar más claras las voces que, parpadeántes, se internaban en el vacío de la nada. Nada que ahora sonaba a voces que no dejaban de reclamar al silencio. 
Así seguí caminando. Perdiéndome en la nada, que lejos de ti, esa noche, significaba todo. Significaba yo. La nada era más, implicaba entender esas voces que con suerte eran mías, implorándome alejarme hacia la seguridad de la noche. Mi noche. Llegué a un lugar en que sólo escuchaba mis propios pasos, y de alguna forma los veía. Entre todos los negros, distinguí uno más oscuro que formaba mi sombra. Ahí me quedé. Seguro. Dueño de las tinieblas. Abrazado por la oscuridad que me llenaba más que tus brazos.