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No, no es un cuento

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Tu sabes mejor que nadie que a mi no me gustan los cuentos, detesto andarme con historias que no llegan a nada. Prefiero ser directo. Muy directo. Pero ahora debes de escuchar esto que tengo que decirte. Parecerá un cuento, pero no lo es. 

Era un tipo que más bien parecía no importarle nada, retraído, aveces ausente, lo mirábamos que pasaba a veces a la tienda, nunca sabía qué quería, sólo miraba por unos segundos y a veces tomaba unos kranky, otras veces no tomaba nada y salía por donde llegó. Así era él, y nadie le decía nada, lo dejábamos irse. No hablaba con nadie, ni nadie quería hablar con él. 

Paulita, la de la panadería, un día se dirigió a él, le preguntó algo sin importancia, una de esas cosas que uno pregunta por cortesía, pero que no tiene interés de saber, quizás sólo para hacer la conversación. No sé si le preguntó por dónde creía que viviría el Minotauro si aún viviera, o por qué partido político votarían los Targaryen, no me hagan mucho caso. El punto fue que el fulano é…

Tantedad

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Tanto por leer.
Tanto por escribir.
Tanto por ver.
Tanto por respirar.
Tanto por andar.
Por jugar.
Por escuchar.
Por vivir.
Andar.
Comer.
Mirar.


Tanto.


Noche de pensar

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Era una noche para pensar. Había de todas, unas para bailar, otras para leer, otras escasas eran para mirar. Ésta, era para pensar. Y te pensé. Pero no como se piensan a las personas que uno aprecia y que desea que se encuentren bien, a ti te pensé formada por millones de granos de arena de mar moviéndote a la orilla de las playas de Acapulco, más alta que los edificios de la Costera, te desplazabas entre palmeras que apenas te llegaban a las rodillas. De vez en cuando pisando un coche sólo para divertirte. Te pensé caminando hacia mi, sin advertirme, pisándome y dejándome incrustado sobre la planta de tu pie. Así caminaste por varias horas. Te aburriste y regresaste a tu lugar, el mar. Ola tras ola deshaciéndote. Haciéndote una con el mar. Y yo ahí, flotando, buscándote entre la arena que te había comido por completo. Pensando. Era noche de pensar. Entonces entendí que el mar no te comió, tú te comiste el mar y la arena. Sí. Cada vez que vea el mar, cada vez que vea la área, cada vez…

Armonía

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Unidad. Intempestivamente ser los dos parte de la misma cosa. 
Sin poder distinguir dónde terminan mis extremidades, perdidas en un pedazo de piel que se extiende hasta ti y después vuelve a ser yo. 
Te pico los ojos y me duelen los míos. Dices mi nombre y escucho el nuestro sin que si quiera se pronuncie.
Acariciarte las mejillas y lo sentir las mías.
Armonía. Llenar los pulmones de tu aire, y mojarme los labios para sentir los tuyos.
Calma. No buscarte más porque eres yo.
Perfección absoluta. Íntegramente tuyo, simétricamente mía.
Total. Sentir todo lo que sientes sumado a lo que siento yo. Tenerme, cuando te siento mía. 
Absoluto. Tan total como cuando somos tú y yo. 


Con cautela, Alicia

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La puerta estaba abierta de par en par, ya no pude pasarme de largo. No lo pensé mucho y me metí. El pasillo extendido con macetas viejas me invitó a investigar qué había al fondo, justo donde se miraba un muro de flores pintadas sobre azulejos. Pensé en lo fugaz de una flor que puede inmortalizarse parcialmente al pintarla sobre un muro. Escuché una mecedora. Con cautela me acerqué de a pasos pequeños y arrastrados. Me encontré con Alicia, quien me miraba desde hace rato. Era la mujer más espectacular que puedo recordar, sus manos eran eternamente suaves, no lo pensé mucho y le tomé la mano. Se acomodó los lentes de forma más adorable, más adorable fue notar que tenía los lentes sujetados por una agujeta. Me miró como si me conociera, estoy seguro que me guiñó, sentí que ella sabía ya todos mis secretos. Su mirada profunda, amable y tierna me quitaba cualquier miedo. No hubo necesidad de hablarle. Me apretó con sus manos huesudas, sus uñas largas y un poco frías. Me senté en una gran…

Ruidos en la tierra

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Aquel día fue a visitar a San Miguel Los Lotes a sus hermanas, como hacía cada domingo para comer con toda su familia. Sin embargo, todo era raro esa mañana: había ruidos en la tierra y los animales estaban nerviosos. Una hora después el cielo ennegreció, subió la temperatura y el ambiente empezó a hacerse irrespirable. A las tres de la tarde el volcán tronó de forma salvaje y ya solo pudo empezar a correr al ver como un río de gas, agua caliente y piedras bajaba por la ladera del volcán engullendo todas las casas de sus vecinos. “Salimos a toda velocidad sin tiempo a agarrar nada porque lo importante era salvar la vida”, recuerda mirando al horizonte. Un horizonte que choca con cualquiera de los tres volcanes que rodean el pueblo: el volcán de Agua, el de Acatengango y el mortal de Fuego.



(Fragmento de entrevista tomada de El País)


Por la mira de un rifle

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Con frecuencia sueño conmigo mismo mirándome a distancia. Como si fuera un extraño que camina por la calle y es observado por un francotirador que se divierte mientras mira a su objetivo ir haciendo caras chistosas por la calle. A veces por que se acuerda de algo ridículo, otras veces porque percibe el aroma del café que sale por una ventana, el gesto de sorpresa cuando mira un perro que corre hacia él, o cuando simplemente se acuerda de ti, y cierra los ojos por un momento al respirar. Todo eso hago, mientras me estoy mirando a mi mismo por la mira de un rifle de alto alcance. Pero no disparo, me divierto adivinando a donde seguiré, donde me detendré, por un momento me cruzo con más personas y juego a no perder el centro del cañón en mi propia frente. 
Lo chistoso de soñarme así, de lejos y con un rifle en mi cabeza, es que me siento lejos de lo que estoy pensando. Me veo ridículo, torpe, débil. Alguien que sueña mucho y que no alcanzará nunca nada, porque es alguien que sólo camina p…