jueves, 22 de diciembre de 2016

¿Sobre qué escribimos?


Me gusta pensar que escribimos sobre lo que nos gusta, pero en verdad escribimos sobre lo que nos duele. Nadie está seguro sobre qué le duele, a veces nos falta el aire, y pensamos que son los pulmones, después pensamos que es el estómago, porque sin aire es el estómago el que se presiona, pero la verdad es que tampoco. Entonces nos damos cuenta de que lo que en verdad nos duele es el alma. Pero cuando duele el alma, nadie sabe qué tiene. Es más, pocos tienen consciencia del alma cuando arde como piel quemada y no encontramos agua fría que la calme. Sólo no podemos conciliar el sueño, pero no entendemos que eso que tenemos es un ardor infinito.

Escribir es de alguna forma construir con tabiques frágiles que nos pasan cerca y en vez de esquivar, tomamos firmemente y los ponemos sobre una estructura que no estamos seguros si cuajará.

Yo escribo también sobre lo que me sorprende, sobre lo que me hace soñar, sobre aquello que me inspira para seguir, para iniciar o para terminar. Lo que inspira puede ser cualquier cosa con vida propia, que toma sus decisiones, que camina con paso firme, que por momentos duda y que se encuentra a sí mismo. Lo que sorprende es una fuerza grande que invita a soñar. Escribir sobre ideas que pasan y que es menester aterrizar, colgarse de ello y atarlo al piso por un momento. No es fácil hacer una fotografía de lo que no se ve, por ello es importante describirlo con todo el detalle, ponerle colores, formas, apellidos, texturas y aliento.

No estoy seguro de cómo es que otros eligen sus temas, pero estoy seguro de que algo tiene que ver, también, con denuncia. Con dejar ver lo que no se ve, con despertar, con jalonear al otro para que mire esa estrella fugaz que nosotros descubrimos. Hay ideas tan buenas que no son para uno solo,  hay una fuerza que bajo presión nos empuja desde adentro para dejar a otros mirar desde nuestros ojos.


Para mi escribir es una fuerza. Fuerza que contagia. Que empuja. Y que se transforma en otras fuerzas que contagian, que empujan, que transforman. Lo que se escribe sirve hasta que alguien lo toma y lo usa para transformar, contagiar o empujar a otra cosa. Lo que sea.



viernes, 25 de noviembre de 2016

Sabrás que ya me fui

Cuando dejes de sentir esas ganas de hacer una llamada. Sí, de esas veces que sientes algo en el estómago. De esas veces que sabes que te falta algo, esas mismas veces en que te pasa algo y quieres platicarlo con alguien. Es algo muy común, que haya cosas muy específicas que no disfrutas. Cosas que no saben a nada. Es algo extraño, porque es como tomar un raspado de grosella, uno de esos muy rojos, pero cuando te lo llevas a la boca sabe a puro hielo. Cuando dejes de sentir ese tipo de cosas, es porque sabrás que ya me fui.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La muerte es fiesta

La propuesta es excitante: una noche donde todos, vivos y muertos se reúnen para comer, beber, estar bajo el mismo techo. Dejaría de preocuparme la muerte si tuviera segura una fecha para regresar y estar con mi gente.

miércoles, 19 de octubre de 2016

El universo no deja pendientes

Estoy seguro de que fue una de esas cosas que ocurrió porque la estuve deseando durante tanto tiempo, que el universo no hubiera podido contra la fuerza que mi mente impulsaba contra él. Entraba a cada biblioteca pensando que iba a encontrar al libro de mi sueños y justo cuando estuviera apunto de levantarlo, me iba a encontrar con la mano extraña de otra persona, con la intención de arrebatármelo. Dejaría la caballerosidad para otro día y con mis reflejos de baterista me adelantaría para quedármelo y esconderlo en mi espalda con la finalidad de evitar me lo arrebate. Levantaría la cara solo para encontrarme con la dueña de la mano misteriosa, la mujer con la mirada más interesante del mundo, con la expresión mas retadora. nos miraríamos por un momento, no diríamos nada, simplemente nos miraríamos. Un empleado de la tienda llegaría a preguntar si todo está bien, pero ni su voz, ni su presencia nos sacaría de nuestro letargo en el que sólo existirían nuestras miradas pausadas en un mutis infinito. Algo abría de pasar, algo tan importante que me daría la tranquilidad de devolverle el libro con calma, ella lo tomaría con sus manos. Precisamente, con su mano derecha. Y con la izquierda me tomaría de la mano. Pondría el libro en el estante y saldríamos de ahí caminando juntos. Pasaríamos la calle sin soltarnos de una manera tan natural que no habría de sudarnos nunca la mano. Así, un día detenernos, volvernos a mirar y olvidar porqué estamos juntos, simplemente saber que la razón habría sido tan importante, que fue necesario eliminarla por seguridad, para seguir caminando, para no dejar nunca de ser, ni de estar. ¿En dónde se guardarían esos recuerdos ocultos? En alguna parte del corazón, en alguna parte del alma, en un sitio que no se ve, pero que se siente con la fuerza que el mar revienta sobre una roca. Que se siente como cuando un mazo estrella contra la roca que hace polvo. Sobre el corazón y retumba el alma. Esa que no se ve, pero que todos sentimos cuando dos miradas se encuentran y sin decirse nada sienten la más profunda de las emociones. Duele. Duele olvidar. Duele no saber cómo llegaste hasta aquí. Duele no recordar porqué las miradas se mantienen imantadas y porqué los cuerpos se mantuvieron ergonómicos. Duele sentir ganas de llorar cuando escuchas esa canción con la que pensabas en ella, y no recordar porqué te duele tanto, si olvidaste todo. Sólo sientes un dolor que te arrebata el aire de los pulmones. Hace que lloren los ojos. No se va. Entonces mirar ese libro que no leíste, pero que fue el que te conectó con ella. Mirarlo y pensar que le debes algo, leerlo, al menos.

Estoy seguro de que todo eso pasó. Estoy seguro de que el universo no hubiera dejado ese pendiente para luego. Fui yo el que olvidé. Soy yo el que no recordaré nunca. Son mis pensamientos, que se quemarán como el oxígeno de una fogata para regalar al mundo un poco de calor y después no existir jamás.


Una foto publicada por Josue Contreras (@josuerodrigo) el

jueves, 6 de octubre de 2016

If I could be who you wanted... All the time

A green plastic watering can
For a fake Chinese rubber plant
In the fake plastic earth
That she bought from a rubber man
In a town full of rubber plans
To get rid of itself
It wears her out
It wears her out
It wears her out
It wears her out
She lives with a broken man
A cracked polystyrene man
Who just crumbles and burns
He used to do surgery
For girls in the eighties
But gravity always wins
And it wears him out
It wears him out
It wears him out
Wears him out
She looks like the real thing
She tastes like the real thing
My fake plastic love
But I can't help the feeling
I could blow through the ceiling
If I just turn and run
And it wears me out
It wears me out
It wears me out
It wears me out
And if I could be who you wanted
If I could be who you wanted
All the time
All the time





domingo, 2 de octubre de 2016

El día en que nos volvamos a encontrar

Las mañanas frías cuando me enfrentaba al choque de la helada mañana sobre mis mejillas, volteaba a ver al piso del patio. Ahí estaba Demon, mi perro. Esas mañanas no se levantaba a acompañarme hasta la puerta de la calle, sólo me miraba de reojo y volvía a meter su cara entre sus orejas. Por momentos lo envidiaba, él no debía salir tan temprano y podía dormir un poco más. Él decidía la hora para levantarse, cuando tenía ganas de ladrar toda la noche, lo hacía. Cuando no, como esas mañanas terriblemente frías, sólo me miraba partir. Después pensaba en cómo podría ser la mente de un perro, la mente de un ser que te mira y son sus instintos los que motivan sus acciones. Demon no se pregunta nada. Sólo ataca cuando siente peligro, y se pone de pie de un brinco cuando quiere agradar a los demás, o se duerme cuando tiene frío. No se pregunta por qué. No se pregunta por qué aparecen personas un día y porque ya no están al otro.

No me gusta pensar en la razón por la que aparecen cosas y después desaparecen. No me gusta pensar en que hay una razón para todo. Detesto pensar en fuerzas superiores que tienen planes y que no importa qué hagas, si hay un plan diferente para ese día, tendrá que ser así. Diferente.

Sin embargo lo hay. Sin embargo es casi irremediable que haya algo escrito. Somos el resultado de un guión. Que no escribió uno solo, sino un pool de creativos que ni son tan creativos y que marcan nuestros pasos. Así es. 

Me gustaba pensar que sería mejor ser Demon. No preguntarme por cosas. Simplemente dormir y ya. Simplemente despertar y ya. Simplemente morir y ya. Sin tantas responsabilidades, sin tantos deberes que hacer en la vida para disfrutar en la muerte. Sin la obligación de esperar un día a que se acabe todo para que siga quién sabe cómo y cuándo y dónde. La verdad es que no estaba muy seguro de querer seguirme preguntando cosas. Mejor morder la escoba y en eso invertir la tarde. No en pensar porqué un día aparece alguien y después desaparece. 

No sé si Demon me extrañe ahora. Yo sí lo extraño, me gustaría que se sentara junto a mi mientras busco estrellas con el telescopio. Pero ya no está. Ya tampoco miro estrellas con el telescopio ni me siento en el patio por las noches. Las cosas han cambiado y a veces sí las extraño. ¿Pero Demon? 

No sé dónde esté ahora. Cuando cerró los ojos pensé que no lo volvería a ver nunca. Pero el resto de mi vida sería terrible si no me hago la idea de que nos volveremos a encontrar. Además no soy de esos. Soy de los que piensa y piensa en cómo tendrían que darse las cosas para que ocurran. Hacer que suceda. Hacer que suceda. Hacer que suceda. Eso es lo que pasa por mi cabeza mientras Demon quizás solo mueva la cola ese día en que nos volvamos encontrar.

Stories of life and death.

Un vídeo publicado por Josue Contreras (@josuerodrigo) el

sábado, 17 de septiembre de 2016

Frío al medio día

Como animal moribundo que emplea sus últimas fuerzas para llegar a la aldea donde nació, ahí, se sumerge en el río y le deja la responsabilidad de su porvenir en manos de algo más grande, de la tierra que viene por ella, que la hace suya y que la vierte en el resto de la humanidad. 

El frío que llega al medio día cuando estás a punto de morir. Se entrega y deja que sea el viento quien se encargue de lo que queda de su ser. Es el fin. Pero antes, sólo un instante antes, cuando llega el depredador, en ese momento descubres que todo era una trampa. Solo fingía su agonía en medio de un desastrozo escenario. A un paso del cuerpo desnudo y entre el agua pintada de rojo, despierta para clavar sus dientes sobre tu cuello. La sensualidad como gancho volvió a ganar.

Publicado originalmente en Indicio.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Escaleras rojas que crujen

Aunque vaya para Montparnasse hay razones para bajarse en Goncourt. Es París y es motivo suficiente para seguir cualquier sospecha de amor, aunque las pistas  hayan sido sólo un par de miradas. Y como en un first person shooter, logras un headshoot a las espaldas de las gárgolas de Notre Dame. El vino en los perfectos jardines es el mejor de los pretextos. Llega el momento en que no se necesita de una guitarra para hacer sonar acordes,  caen las primeras gotas de lluvia sin truenos que hayan anunciado previamente la tormenta. Así es París en verano, húmedo, elegante y sensual. El tiempo corre más lento, puedo ver a ritmo semilento cómo se mueven tus labios cada que pronuncias una palabra. Las escaleras rojas que crujen hasta llegar al último de los pisos: es el inicio del fin. Es fácil verse en cada uno de tus gestos, es fácil terminar una noche e iniciar un nuevo día sólo mirándote.



Publicado originalmente en Indicio.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Fingiendo una casualidad

Qué bueno que estás leyendo porque quiero decirte algo importante. Tenía tiempo pensando en cómo decírtelo y me da gusto que seas tú quien entre por la puerta de mis palabras, ahora te invito a pasar y tomar asiento.

Ya con más calma, y con copa de vino en la mano, debo decirte que la vida nos ha llevado por rumbos tan extraños como necesarios.

Por extraño que parezca, necesito que entiendas que tú debes de estar conmigo. Tu lugar es lejos de casa, muy lejos, en un sitio construido por nosotros al paso. Nuestro lugar es un huracán que no se diene, sube y baja de intensidad, pero que tarde o temprano se desplaza a otro lugar. Eso somos y es nuestra responsabilidad dar continuidad a nuestros sueños. Nadie cuidará de ellos como nosostros.

Sí, sé que te parecerá extraño y que nadie te lo había dicho y que crees que estás haciendo cosas importantes y que tienes una misión en la vida. Lamento ser yo quien te dé esta noticia, pero estás equivocada, tus sueños son en realidad nuestros sueños. Es tu deber escucharme. Es mi obligación detenerte y mostrarte el camino que es solo para nosotros. 

Todos ignoramos algo y no hay nada de malo en ello. Ahora toca dejar de ignorar lo que ahora te digo y de hacernos responsables por nuestro futuro. Juntos. Lejos. Revolviéndonos entre hojas que se deshacen en contacto con el aire, que se desplazan hasta que dejan de ser. Así, dejaremos de ser, siendo. Y siendo por siempre, nos convertiremos en nada. En una nada integrada por una misma palabra: nada. Hasta en ese momento, cabremos en una sola palabra: nada. Y como los grandes, seguiremos siendo los dos en una palabra.

También está la opción de que no hayas comenzado a leer. En dado caso, te pido que asomes por tu ventana. Sí, sigo esperando a que asomes para fingir que voy pasando por ahí y que aprovecho para mirarte por dos segundos mientras fijo una casualidad.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Palabras

Son para escribirse y quedarse.
Son para escribirse y después leerse.
Son para leerse, compartirse y defenderse.
Son para regalarlas.
También para dedicarlas o para pensar en alguien.
Pero sobre todo, son para mantenerlas hasta el final.

Y cuando te las den, usarlas, apropiarse de ellas, defenderlas también y diasfrutarlas.

No importa si son de despedida. Son tuyas.

Uno las escribe y dejan de ser de uno. Ya son de quien las inspiró. Ya son de quien las causa.

Ya son solamente de quien las guardó discretamente en el bolso. De esos que sintieron un calambre mientras las leían.

Las palabras pertenecen a los ojos que hacen brillar. Las palabras son sólo de los corazones que se entregan entre comas y puntos suspensivos. 

Son de quienes las dicen y se quedan, y te buscan la cara y exigen respuesta y no aceptarán que mueran mientras se pronuncian, por el contrario luchan cada día por mantenerlas. Y las leen. Y las leen. Y las pronuncian en voz alta, cual si fueran conjuros que un día habrán de convertirse en realidad.

¿Te imaginas cuátas palabras acumula ya tu sonrisa? 

Definitivamente, todas.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Diálogos forzados


Así es como inicia la mañana, oscura, fría, con el eco de los ladridos de los perros que por momentos no me deja escuchar tu voz dándome los buenos días, pero de inmediato callo los sonidos de la calle para concentrarme en lo que me dirías si estuvieras aquí. En lo que te diría si pudieras escucharme. 

Siempre me he considerado bueno para los diálogos, pero tardo mucho en escribirlos, puedo detener una conversación para decir que esa frase es muy profunda y que debería de ser el inicio de una película o la línea de un villano maldito. 

Pero no soy tan bueno para los diálogos en vivo, tengo problemas para decirte grandes frases en momentos especiales, en esos momentos suelo quedarme callado, pensando si eso que dije está bien dicho, si he dicho alguna tontería, o qué será aquello que quedará en tus recuerdos cuando ya no estemos. 

Por eso muchas veces me quedo callado y no digo nada. Me quedo pensando, me quedo pensando si debí haberlo dicho, o si debí haber callado, debí haber dicho menos. No habrá un editor literario que analice la obra completa y pueda detenerme si es que estoy siendo demasiado duro y complico la continuidad de la historia. 

No me gusta cuando tú no estás, pero debo afirmar que es más sencillo dialogar contigo, porque a veces elijo un tono más valiente, directo y puedo terminar una oración con mucha más seguridad, en esos casos soy determinante y no temo que la historia deba terminar antes. 

Otras veces soy más amoroso, blando y digo todo eso que sé que te gustaría escuchar, esas escenas terminan con un largo beso debajo de las estrellas. 

Muchas veces no sé cómo es que los sucesos fueron llevándome hasta ahí, pero ya estamos acompañados de las estrellas, disfrutando de las constelaciones que no nos observan, pero tampoco nos impiden ser testigos de su luz. 

Ahora que no estás puedo ensayar cada línea, escribirlas, leerlas en voz alta mientras camino por el estudio y voy modulando la voz. 

Ahora no sé si algún día me puedas escuchar, pero si sí, ya tendré muy bien practicadas esas líneas en las que te diré que no permitiré te separes nunca más.  
Una foto publicada por Josue Contreras (@josuerodrigo) el

jueves, 1 de septiembre de 2016

Y desaparecer entre la niebla

No debiste haber desaparecido esa noche. 

Debí haberme perdido junto contigo, pero te ausentaste de mis ojos y la fuerza se esfumó de mis piernas. 

Logré levantaeme horas después pero ya la neblina te había tragado.

Todos los días me preguntaré qué hubiera pasado si esa noche no hubiera habido luna llena.

Nunca dejaré de estudiar cómo debió haber cerrado la conversación.

Ahora hago eso, imaginarme, sospechar, intuir. 

Escribo esas mil alternativas de lo que debió haber pasado. 

No tengo nada, hasta que lo escriba, quizás lo sabré.    
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miércoles, 17 de febrero de 2016

Y pensé en ti


Como todas las mañanas llegué al parabús en punto de las 6:00 de la mañana. A pesar de ser un de esos días en que la mayoría sale con bufanda, yo vestía ligero. Me sentía fuerte y con muchas ganas de vivir. Aun no amanecía y las luces de Reforma estaban particularmente maravillosas, los edificios estaban imponentes, los árboles iluminados de rojo y azul se veían más frondosos a pesar de ser invierno, y de fondo el Ángel de la Independencia me hacía sentir algo de orgullo. Iluminado de rojo intenso, representaba la sangre de los que murieron por México, o quizás solo el color que se había elegido para los jueves.  Con la cámara del celular tomé una foto, que salió borrosa por la poca luz y pensé en ti.  

Irremediablemente pensé en ti. No por lo borroso de la foto. Tampoco por lo orgulloso de símbolo supremo de una cuestionable independencia. No entiendo porqué, pero me pasa a menudo. No debería, apenas te conozco. Te recuerdo más por tu foto de Facebook, que por las veces que te he mirado. De hecho no estoy seguro de haberte mirado tanto, apenas cruzamos unas palabras cuando me exiges mi credencial para poder entrar al edificio. Decidí caminar, así tendría un poco más de tiempo para pensar en ti sin distracciones. Y así lo hice mientras miraba a los jardineros cuidar las flores de las jardineras, sentí envidia, ellos disfrutaban su trabajo, tenían mano para las plantas, las acariciaban seductores mientras las regaban, y ellas les devolvían el gesto creciendo y creciendo. 

Reforma 456. Conté los pasos hacia el lobby del edificio, y sí, seguían siendo 23. Llegué a la recepción y el tiempo se detuvo otra vez. Con su micrófono de diadema lucía importante, segura de cada palabra, dueña de la situación. Con la mirada exigió el gafete. Lo saqué del blazer café de pana con parches en los codos, seleccionado en los colores que he notado que le gustan. Admiró mi buen gusto, lo supe porque no solo me dio el paso con un tenue movimiento de barbilla, ahora también retorcía la comisura de su labio derecho como queriendo reír. La sonrisa que no me salía en las fotos, se desparramaba cuando le agradecía el paso, mientras volvía a guardar mi credencial. Como todas las mañanas subí al elevador, miré el reloj para ver que iba temprano como siempre y empezar la cuenta regresiva para volver a mostrarle mi credencial. Como todos los días. Llegué hasta mi computadora, la prendí y pensé en ti.

Una foto publicada por Josue Contreras (@josuerodrigo) el