viernes, 12 de mayo de 2017

Chisguete

...con singular esmero tallaba las vasijas como si quisiera acabárselas, no era solo sacarle brillo, era más bien desgastarlas hasta que desapareciera el más mínimo rastro del último comensal que la utilizó. Fue entonces que llegó Armando, la tomó violentamente del brazo y la puso frente a él. Como siempre, no dijo nada. Solo le miró tan fijo, que le secó el aliento. Así permanecieron unos segundos hasta que Aldonsa cayó desmayada. Como siempre. Eran comunes los desmayos cuando lo miraba a los ojos de maneras repentinas. No estaba preparada para encararlo, mucho menos mientras trataba de borrar las huellas de una mentira. Nunca lograba contestar una frase completa cuando Armando acercaba tanto su rostro, mucho menos cuando ella alcanzaba a oler su olor a vainilla recién cortada. Una vez trató de alejarlo de un empujón, pero no fue más que un moviendo torpe, inútil, fallido. Tropezó y cayó en él. Quedó untada sobre su cuerpo, dócil, débil, entregada. Armando alcanzó a tomarla de los brazos, mientras su cabeza reposaba sobre su pecho. Armando la sostuvo fuerte, la zarandeó hasta que recobró el sentido. En cuanto abrió los ojos, había olvidado todo, porqué estaba ahí, entregada a él que la sacudía violentamente. Su reacción fue morderle los labios hasta sangrarlo. Saboreó la sangre mientras se aferraba con las mandíbulas trabadas. Pasó por su mente arrancarle el labio y tragárselo. Pero antes de aplicar tanta fuerza, Armando arrancó su blusa de un solo jalón. Aldonsa se echó para atrás en un instante. Sin detenerse a cubrir el pecho desnudo, le miró con una rabia que daba miedo. Ahí estaban, frente a frente. A ella le escurría sangre por la boca que ahora llegaba hasta su pecho desnudo. A él le colgaba un trozo de labio del que salía un tímido chisguete similar al que riega el jardín principal. Nadie se dijo nada. Pero desde ese día tomaron un poco más de distancia. Las vasijas cayeron al piso y quedaron varios segundos dando vueltas. Aldonsa sostenía esa mirada que intimidaba. Armando se aflojó la corbata dejando ver una expresión reptiliana.

sábado, 11 de marzo de 2017

Déjenme presentar: Rastro

No me gustan las películas contemplativas. Me gusta más la acción, pero esta ocasión quise compartir con ustedes lo que yo denomino "Rastros". Un experimento que en lo personal disfruto mucho y que me produce muchas cosas:

Calma
Sí, siento la más profunda de las calmas con el sólo mirar cómo es que el mar azota cada una de sus olas. No importa qué haya sobre la arena, el mar se lo lleva. Bordes, basura, animales, huellas, rastros, todo. No importa que haya traído el mar, él mismo se lo lleva.

Rastros
Así de complejas son las huellas sobre la arena y así de fácil desaparecen. ¿Cuáles son los rastros que dejaremos cuando nos vayamos? No importa, igual van a desaparecer. Así se complica el sentido de la vida, dejando un espacio abierto a las experiencia y a la inmediatez. 

Sentido
El sentido de la vida tendría que estar en la existencia, en las experiencias creadas a cada minuto. El presente es de lo único que podemos estar seguros. El presente es eso que se escucha cuando la ola golpea las piedras. Es la espuma salada que vuelve a la arena y que se pierde entre tus manos. Ese eco, ese es el presente.

Escucha
Se conoce al mar cuando puedes cerrar los ojos y entender en dónde vienen las olas. Cuando no necesitas mirar, para saber que una ola está por reventar ante ti.

Aquí está Rastro.

Todas las luchas son por la libertad

De poder salir de casa, de poder acelerar el paso, de poder detenerte, de poder mirar hacia el cielo, de poder disfrutar de la luna, de poder cerrar los ojos y sentir cómo cae esa ligera brisa sobre tu rostro, o de simplemente no hacerlo. Pero el poder elegirlo, el poder hacerlo más lento o más rápido, de eso se trata todo. Del derecho a elegir.

Muchas veces pienso que merezco poder tomar mis propias decisiones. Sin miedo. Sin preocuparme por lo que se dirá, por si es lo correcto o no. Merezco poder equivocarme, tomar el camino más largo o el más sinuoso sin tener que pedir disculpas ni permisos.

El poder pensar en ti y decidir en qué momento pensar en otra cosa. Esa es la libertad más compleja, la de elegir otras personas para estar. La libertad de estar y de ya no estar. La libertad de elegir el momento para dormir y para despertar. Todo se trata de eso. De elegir el camino hacia la tranquilidad. De no sólo suponer, de arrancarse las cadenas que marcan estándares, modos de vida, modos de pensar. De arrancarse las pesadas cadenas que no permiten, si quiera, imaginar cómo sería un mundo en donde uno tomara sus propias decisiones.

La libertad de un día ser yo y sólo yo. De no tener que considerar al mundo antes de dormir cinco minutos más. De no tener que temer por tomar más dulces del canasto, o de no desperdiciar tanto tiempo en la reacción que habrá sobre mis palabras. 

La libertad de un día poder caminar sólo, si es que no quieres caminar conmigo. De aprender a estar solo, para ser libre de elegir con quien caminar. Y de ser más libre cuando decidan no caminar contigo, y poder seguir caminando, porque tomaste la decisión de caminar sin estar condicionado a una compañía.

De eso se trata todo. De eso se tratan todas las disputas y los conflictos emocionales. En la capacidad de poder tomar tus propias decisiones. De la oportunidad de elegir tú, sobre todas las cosas, sobre todas las circunstancias, sobre todas las personas, sobre el momento de estar o dejar este mundo.





jueves, 9 de febrero de 2017

It´s all in you head

Cuando no debes pensar en ella. Ese momento en que no debes imaginarte el momento de tomar de su mano y caminar en medio del bosque. Cuando no debes señalarle al árbol atorado en medio de las dos rocas que podría formar la fotografía perfecta. No debes. No está aquí y no estará. Cuando no debes pensar en cosas para hacer juntos y cuando no debes hacer cosas interesantes para compartírselas porque no contestará. No estará. Cuando no debes tomar fotografías pensando en ella, cuando no debes tomar fotografías para que ella las vea. Porque no las ve y no las verá. 

Lo malo de contar historias es olvidarte de que a las personas no les pasan cosas mágicas. No aparece nadie sólo por mirar el atardecer, no brota del mar ninguna sirena por más que inviertas suficientes horas a tus pensamientos para recrear la escena perfecta. No pasará. No en la vida. No es un chick flick.

Cuando no debes salirte del papel, cuando no debes rebasar el mar de tinta que divide las letras de la realidad. Tristemente, las letras no son la vida. Las fotografías del paisaje no son el paisaje. Mis pensamientos contigo, no somos nosotros. 

Distancia, representación, imaginación, mi cabeza caminando más rápido que mis pies. Aún así, monto una fotografía deseando que la veas un día y le dibujes un corazón pensando que la subí pensando en ti, en que sonrías mientras la veas y que no puedas evitar escribirme con cualquier pretexto solo para empezar una conversación más extensa. Ahí voy de nuevo... It´s all in my head.