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Mostrando entradas de 2017

Cerrado

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Por mucho tiempo he escrito durante los momentos más difíciles de mi vida. En los muy buenos también lo he intentado, pero lo mejor de ser feliz es que no te da tiempo de escribir. 
Lamentablemente la escritura se destina para los momentos solitarios, para cuando no puedes hacer algo mejor. Es triste, pero es la verdad. La felicidad se encuentra en las flores, en las cascadas, en los atardeceres, en tomar a alguien de la mano mientras caminas por un lugar pintoresco, al bailar, mientras miras una obra de arte que te llega, mientras miras una obra de teatro que te hace llorar, mientras sientes el amor en los grandes ojos de la persona que te está mirando. En ayudar a los demás. Difícilmente puedes escribir en esos momentos, al menos yo no lo recomendaría.
Los tropiezos son los puntos más álgidos de la escritura. Es mediante la desgracia que los artistas crean sus más grandes obras. La incertidumbre de la vida suele guiar obras sobresalientes. En los momentos felices no escribo o escribo …

Escribir

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Es más que un oficio. Es una necesidad que tienen algunos, una forma de tomar aire para no ahogarse. Es la forma de estructurar los pensamientos y entender -hasta que leemos nuestras palabras-, qué está ocurriendo en nuestro corazón.


Blanca y poderosa flor de azahar

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IN ROSITA DE OLIVO DE LOS TIGRES DEL NORTE (00:00) A (00:05) BAJA Y PERMANECE DE FONDO.
Así arrancamos esta mañana, en una edición más de Buenos días con Jonás, aquí en la 1220 de AM, Siempre contigo. Nunca lo hago, porque debemos un respeto a nuestros invitados, pero hoy voy hablar mientras se escuchan los poderosos Tigres del Norte. Le voy a explicar porqué. Resulta que hace muchos años conocí a Rosita, una chica de linda sonrisa, era amable, tanto que un día la abordé, así sin más, para preguntarle si tenía calor. Me miró como si fuera cualquiera persona que no estuviera tremendamente impresionada ante su presencia, aunque sabía de sobra que estaba temblando por tenerla en frente. Me contestó con esa sencillez que permanecía en su rostro: Sí, ¿verdad? Está fuerte. No tenía simplemente nada qué decirle. Pero a ella tampoco le incomodaba mi presencia, tenía el don de fingir que todo estaba bien, aunque tuviera cierto desprecio por tenerte a un lado. Tenía también el poderoso don de ha…

Sin tanto pensar

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Son las 6:00pm de la tarde. Rodrigo comprueba el resultado de unas divisiones con la calculadora científica solar que le ganó a su hermano en una apuesta en la que el Necaxa venció al América. Cierra el cuaderno y se va a acostar a su recámara. Prende su televisión, terminan los Caballeros del Zodiaco, la apaga y sale de su recámara. Los altos robles de la avenida cercana resguardan a cientos de aves que ensordecen. Rodrigo no lo nota, tampoco nota el cielo entre morado y naranja del otoño, para él es normal el viento de los pueblos cercanos al volcán. Rodrigo no piensa que dentro de algunos años talarán esos árboles para construir un bulevar. Tampoco sabe que un día se mudará a la ciudad, desde donde no se ve tanto el cielo y jamás escuchará a tantos pájaros cantar al mismo tiempo. Jamás. Tanto así, que sin recordar exactamente esa misma tarde, la extrañará. Así de duro. Lo más terrible de extrañar, es no saber qué extrañamos. No saber si es el viento, las aves, los árboles, o la ver…

Dos tipos sin nada

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La simple pregunta ya era muy seductora. Caminé por una repleta de bares de lujo con mesas sobre la banqueta, todas las mesas estaban llenas de personas que hablaban en voz más alta de la que usan para dar los buenos días. Poderme convertir en cualquiera de todos ellos, hombres y mujeres exitosos que podían tomar una cerveza de 120 pesos un martes por la noche mientras conversaban con otros tan exitosos. O quizás no tanto. Acepto que fingí que ninguno de ellos me interesaba, pero por momentos me vi en sus relojes caros y demasiado grandes para sus muñecas flacuchas, vi sus corbatas de estambre de diseñador, vi esas bolsas caras que pagaría con dos o tres quincenas, mientras seguí caminando escuché voces de personas que no necesitaban nada, o quizás lo necesitaban todo, pero en esas voces se sentía el poder del que ya lo tiene. Dije que no, pero seguí buscando y buscando. Me despedí del grupo y seguí caminando por la calle que a medida que se alejaba de la zona de bares, se volvía más …

Celosas letras

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Siempre he dicho que escribir es la profesión más barata del mundo, pero no es del todo cierto. Escribir cuesta, y cuesta mucho. Cuesta hasta que duele. Entre los diálogos se va desgarrando el pecho, entre los personajes profundos se va oscureciendo la vista, dentro de cada palabra, se va muriendo de a poco. De poco en poco hasta llegar a mucho. 
Escribir es el más solitario de los actos. Escribir es la más personal de las aventuras. Uno se va embarrando sobre el papel, quedarán pedazos de sesos esparcidos sobre los poros de la celulosa en forma de caracteres. Hay días que de las letras sale sangre, hay veces que de las letras no sale nada, están solas, huecas, todas abandonadas y tristes. Solas.
Es un ritual que demanda todo. Arrebata. Se hospeda en las imperfecciones y el sufrimiento. Escribir para quedarse solo. Escribir para ocultarse en sí mismo. Es una maldición que uno carga, porque no hay  elección. Uno escribe o simplemente no es. Las letras tienen celos, y no te comparten con …

El pegamento de las cosas

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IN "OTHERSIDE" DE "RED HOT CHILI PEPPERS" DESDE EL PRINCIPIO COMO FONDO.

Otro lugar. ¿cuántos no desearíamos estar en otro lugar? Yo amo la radio, porque me regala eso. Cerrar los ojos y estar debajo del mar escuchando a los Chilli Peppers, subirle un poco y estar en lo más alto de la montaña dejándonos caer. Sólo hay que subirle de volumen, sólo hay que cambiar de track, pero permanecemos en el mismo sótano pegando muebles. Pegando muebles. Una silla. Otra silla. Otra silla. Una pata, otra pata, otra pata, pegamento, y otra silla. Ponerse los audífonos y empezar el viaje. Muchos días he tomado horas extras porque tengo ganas de escuchar más música.
Las sillas no son sillas, son proyectos de sillas. Vienen en un riel las piezas, yo las armo, pongo resistol entre sus partes, agregó cuatro pijas, y hay otra silla. Yo las armo, pero el pegamento es el alimento de las silla. Sin él no cuajan, se mueven y se terminan venciendo. Yo también tengo mi resistol. Es la música y…

Pólvora en los dientes -1220 AM

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IN "EVERY BREATH YOU TAKE" DE THE POLICE (00:00) Y PERMANECE HASTA QUE TERMINA. SILENCIO DE (00:05).

...No sé si se han puesto a pensar en lo fácil que sería convertirse en un asesino cuando tenemos una buena razón. Todos los días vemos en los periódicos asesinatos, robos, delitos que nos pueden parecer despreciables. Todos hemos sido víctimas de una injusticia, todos hemos sentido impotencia alguna vez, todos nos hemos sentido incapaces de entender cómo una persona puede vivir con el remordimiento de un día haber tomado un arma para ponérsela a otro en la frente y simplemente disparar porque el otro se resiste a un asalto. Pero la violencia es un diminuto grano de pólvora que está en medio de nuestros dientes, dispuesto a explotar al más mínimo roce. La violencia no nace de un odio desmedido hacia alguien, no nace de una especie de maldad hospedada en el fondo de nuestros corazones. Todos somos un asesino en potencia que puede despertar a la menor provocación. Del odio al am…

1220 del AM

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IN "YOU NEVER CAN TELL" DESDE (00:00) HASTA (02:15), FADE OUT Y PERMANECE DE FONDO.

Son las seis en punto de la mañana, estimados amigos, y eso quiere decir una sola cosa, es la hora, sí. Es la hora de empezar el día, porque no empezamos cuando suena el despertador, mucho menos cuando metemos nuestras grasosas cabezas debajo de la regadera, el día comienza cuando la música suena, y suena a todo el volumen de nuestro reproductor. Así es, si allá en casita no prenden la radio pues nomás no inicia el día. No es con una copa de café, no es con los primeros rayos del sol, es cuando, como esta mañana escuchamos al más grande de todos los rockeros, al inigualable Chuck Berry interpretar ese maravilloso tema musical, que ahora se repite y se repite en un loop interminables... ¿Se imaginan? Una canción que no terminara nunca, que sonara siempre dentro y más adentro de nuestros audífonos, ahí justo en donde inicia nuestra alma, que no es en nuestro cuerpo, sino en algún lugar del espac…

Otoño

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Grandes moldes reciben metal incandescente  que luego habrá de convertirse en una campana formada de aleaciones del cobre con estaño y un toque de bronce. Todas las campanas son hechas para sonar, para sonar muy fuerte. Para retumbar hasta las montañas pasando por los altos pinos y los tejados alargados. Para hacer cimbrar los cuerpos. Para alertar de las emergencias. Para impedir que todo deje de ser como está. Las campanas están hechas para redoblar sobre los vientos y expulsar sonoros ecos por todos lados. Fuerte. Muy fuerte.
Cuando el incandescente metal terminó de vaciarse sobre el molde, pasó un cuervo mudo muy cerca del taller de campanas de Don Mundano, tan cerca, que se cubrió con el brazo el rostro mientras se agachaba un poco. Sin embargo, no cruackó sobre él, ni lo hizo por el resto del recorrido que lo llevó hasta pararse en el árbol seco que daba escasa, pero valiosa sombra durante ese otoño. Mundano regresó la vista al molde, sólo se había distraído unos segundos, sufici…

No te debía querer, pero te quise

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Como todas las tardes después de caminar por Chapultepec, me senté frente a mi piano acompañado de una copa de vino. Sé que puede sonar a estereotipo, pero eso es lo que hago. Arremangarme las mangas de la camisa, prender un cigarro, levantar la carpeta azul que reposa sobre el piano y tomar un poco de aire para concentrarme en ti. No voy a mentir, hay veces que tardo unos minutos mirando sólo tu fotografía, dando largos tragos a mi copa, incluso podrían haber sido horas. También he llegado a cerrar los ojos. Mentiría si digo que no he llorado abrazado de tu recuerdo. Pero llega un momento en que después de tragarme esas lágrimas, deslizo mis largos dedos sobre el piano, y te olvido.
Así es todas las noches. Buscar entre tus recuerdos el recoveco exacto que se convierta en una nota. No dudo que llegue el día en que la canción que que queramos escuchar se reproduzca con sólo mencionarla al aire. Hoy no es así. Hoy evoco tu memoria y le doy vida con las notas del piano. Tardo un poco, pe…

Cruzando el farol

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Lo encerraba todo en una masa sin color. Era tan grande como dispersa, una nube inmensa repleta de nada, frente a mi. El único farol de la calle, hacía que el resto del mundo se desvaneciera hasta desaparecerse ahí, en la nada, en el vacío de la oscuridad. Alejarse del farol esa noche sin luna, también significaba escuchar más claras las voces que, parpadeántes, se internaban en el vacío de la nada. Nada que ahora sonaba a voces que no dejaban de reclamar al silencio. 
Así seguí caminando. Perdiéndome en la nada, que lejos de ti, esa noche, significaba todo. Significaba yo. La nada era más, implicaba entender esas voces que con suerte eran mías, implorándome alejarme hacia la seguridad de la noche. Mi noche. Llegué a un lugar en que sólo escuchaba mis propios pasos, y de alguna forma los veía. Entre todos los negros, distinguí uno más oscuro que formaba mi sombra. Ahí me quedé. Seguro. Dueño de las tinieblas. Abrazado por la oscuridad que me llenaba más que tus brazos.  

Para no extinguirse

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Busqué en el mueble de los discos algo optimista, pero no me quedó tanta fuerza. Abrí la alacena y busqué algo dulce, pero sólo había sombras, polvo que se levantaba entre el crujir de las puertas, entre los sollozos de las pisadas que esa tarde no podían detenerse, tenían que gritar, tenían que sonar. Como la garganta, como la piel, como la sangre, como el aliento, como todo lo que tiene que sonar cuando tiene que decir algo. Todos esos libros escritos, toda esa música compuesta, todas esas palabras dichas, todo ese vino bebido. Porque había algo que decir, porque si no se hubiera dicho, hubiera explotado. O quizás no hubiera explotado, y eso hubiera sido lo grave, que tenía que explotar. Qué la sangre tenía que salir a presión y untarse sobre la pared. Y la piel tenía que enchinarse, tenía que llamar la otra piel y tenía que hacerse una misma, las piernas frías que tenían que enfriarse junto a las manos regalándole algo de su tibieza. El aliento que tenía que entrar por los pulmones…

La blancura de la noche

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A las cuatro de la mañana son pocos los que conducen por la calle, menos los que transitan por el Paseo de la Reforma. Los pocos que caminan por las calles tienen miedo de los coches que rebasan el límite de velocidad, no sabes cuál de ellos se saldrá del camino para arrollarte, o simplemente quien se ocupara de mirarte minuciosamente. 
Yo conducía al centro de los tres carriles, a unos veinte kilómetros por hora. Tan lento como para que todos me rebasaran. Esa madrugada, no pasaba un solo carro. No pasaba más gente. No pasaba nada. Tan despierto como mi insomnio, me sentía con tanta energía como para bajarme y seguir caminando o corriendo o brincando de árbol en árbol. Me mantenía despacio. Repentinamente apareció junto a mi una camioneta, no circulaba más rápido, ni más lento, circulaba a la misma velocidad. Emparejados, empecé a ralentizar hasta quedarme completamente detenido. No miré directamente al otro auto hasta que noté que se había detenido también sobre el carril de mi izqui…

Silencio

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Esa noche me despertó el silencio.
Salí a caminar por las calles completamente vacías. Una intermitente línea recta se perdía a lo largo de la calle.  Así, en medio, caminé y caminé. Y silencio. No había nadie. Ni viento, ni nada. Sacudí los pies y no se escuchaba nada.  Azoté mis pies sobre el asfalto, y tampoco. Descubrí que estaba descalzo. Y que mantenía con exactitud un camino recto. Y silencio. El alumbrado público mostraba la línea recta sobre el asfalto. Silencio. Así se escucha cuando te marchas. Así suena cuando te despides sin darte cuenta. No suena. Quisieras gritos, abucheos, alguien que te sugiera regresar. Pero aunque lo haya, no se escucha. Porque todo está en silencio. Los pies ya no duelen, la piel no se enchina, la voz ya no sale. Así se despide uno.

Corrosiva

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Acetona que estropea los colores.La gasolina que quitas las manchas.El veneno de derrite las tripas.El calor que derrite la cera.La mentira que fulmina la amistad.El acero que penetra la piel.El gas de aniquila la vida.Coralillo multicolor de veneno letal.Bala expansiva que explota por dentro.Solvente, explosivo, corrosiva.Ella.