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Mostrando entradas de junio, 2018

Armonía

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Unidad. Intempestivamente ser los dos parte de la misma cosa. 
Sin poder distinguir dónde terminan mis extremidades, perdidas en un pedazo de piel que se extiende hasta ti y después vuelve a ser yo. 
Te pico los ojos y me duelen los míos. Dices mi nombre y escucho el nuestro sin que si quiera se pronuncie.
Acariciarte las mejillas y lo sentir las mías.
Armonía. Llenar los pulmones de tu aire, y mojarme los labios para sentir los tuyos.
Calma. No buscarte más porque eres yo.
Perfección absoluta. Íntegramente tuyo, simétricamente mía.
Total. Sentir todo lo que sientes sumado a lo que siento yo. Tenerme, cuando te siento mía. 
Absoluto. Tan total como cuando somos tú y yo. 


Con cautela, Alicia

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La puerta estaba abierta de par en par, ya no pude pasarme de largo. No lo pensé mucho y me metí. El pasillo extendido con macetas viejas me invitó a investigar qué había al fondo, justo donde se miraba un muro de flores pintadas sobre azulejos. Pensé en lo fugaz de una flor que puede inmortalizarse parcialmente al pintarla sobre un muro. Escuché una mecedora. Con cautela me acerqué de a pasos pequeños y arrastrados. Me encontré con Alicia, quien me miraba desde hace rato. Era la mujer más espectacular que puedo recordar, sus manos eran eternamente suaves, no lo pensé mucho y le tomé la mano. Se acomodó los lentes de forma más adorable, más adorable fue notar que tenía los lentes sujetados por una agujeta. Me miró como si me conociera, estoy seguro que me guiñó, sentí que ella sabía ya todos mis secretos. Su mirada profunda, amable y tierna me quitaba cualquier miedo. No hubo necesidad de hablarle. Me apretó con sus manos huesudas, sus uñas largas y un poco frías. Me senté en una gran…

Ruidos en la tierra

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Aquel día fue a visitar a San Miguel Los Lotes a sus hermanas, como hacía cada domingo para comer con toda su familia. Sin embargo, todo era raro esa mañana: había ruidos en la tierra y los animales estaban nerviosos. Una hora después el cielo ennegreció, subió la temperatura y el ambiente empezó a hacerse irrespirable. A las tres de la tarde el volcán tronó de forma salvaje y ya solo pudo empezar a correr al ver como un río de gas, agua caliente y piedras bajaba por la ladera del volcán engullendo todas las casas de sus vecinos. “Salimos a toda velocidad sin tiempo a agarrar nada porque lo importante era salvar la vida”, recuerda mirando al horizonte. Un horizonte que choca con cualquiera de los tres volcanes que rodean el pueblo: el volcán de Agua, el de Acatengango y el mortal de Fuego.



(Fragmento de entrevista tomada de El País)