domingo, 2 de octubre de 2016

El día en que nos volvamos a encontrar

Las mañanas frías cuando me enfrentaba al choque de la helada mañana sobre mis mejillas, volteaba a ver al piso del patio. Ahí estaba Demon, mi perro. Esas mañanas no se levantaba a acompañarme hasta la puerta de la calle, sólo me miraba de reojo y volvía a meter su cara entre sus orejas. Por momentos lo envidiaba, él no debía salir tan temprano y podía dormir un poco más. Él decidía la hora para levantarse, cuando tenía ganas de ladrar toda la noche, lo hacía. Cuando no, como esas mañanas terriblemente frías, sólo me miraba partir. Después pensaba en cómo podría ser la mente de un perro, la mente de un ser que te mira y son sus instintos los que motivan sus acciones. Demon no se pregunta nada. Sólo ataca cuando siente peligro, y se pone de pie de un brinco cuando quiere agradar a los demás, o se duerme cuando tiene frío. No se pregunta por qué. No se pregunta por qué aparecen personas un día y porque ya no están al otro.

No me gusta pensar en la razón por la que aparecen cosas y después desaparecen. No me gusta pensar en que hay una razón para todo. Detesto pensar en fuerzas superiores que tienen planes y que no importa qué hagas, si hay un plan diferente para ese día, tendrá que ser así. Diferente.

Sin embargo lo hay. Sin embargo es casi irremediable que haya algo escrito. Somos el resultado de un guión. Que no escribió uno solo, sino un pool de creativos que ni son tan creativos y que marcan nuestros pasos. Así es. 

Me gustaba pensar que sería mejor ser Demon. No preguntarme por cosas. Simplemente dormir y ya. Simplemente despertar y ya. Simplemente morir y ya. Sin tantas responsabilidades, sin tantos deberes que hacer en la vida para disfrutar en la muerte. Sin la obligación de esperar un día a que se acabe todo para que siga quién sabe cómo y cuándo y dónde. La verdad es que no estaba muy seguro de querer seguirme preguntando cosas. Mejor morder la escoba y en eso invertir la tarde. No en pensar porqué un día aparece alguien y después desaparece. 

No sé si Demon me extrañe ahora. Yo sí lo extraño, me gustaría que se sentara junto a mi mientras busco estrellas con el telescopio. Pero ya no está. Ya tampoco miro estrellas con el telescopio ni me siento en el patio por las noches. Las cosas han cambiado y a veces sí las extraño. ¿Pero Demon? 

No sé dónde esté ahora. Cuando cerró los ojos pensé que no lo volvería a ver nunca. Pero el resto de mi vida sería terrible si no me hago la idea de que nos volveremos a encontrar. Además no soy de esos. Soy de los que piensa y piensa en cómo tendrían que darse las cosas para que ocurran. Hacer que suceda. Hacer que suceda. Hacer que suceda. Eso es lo que pasa por mi cabeza mientras Demon quizás solo mueva la cola ese día en que nos volvamos encontrar.

Stories of life and death.

Un vídeo publicado por Josue Contreras (@josuerodrigo) el

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