sábado, 11 de marzo de 2017

Déjenme presentar: Rastro

No me gustan las películas contemplativas. Me gusta más la acción, pero esta ocasión quise compartir con ustedes lo que yo denomino "Rastros". Un experimento que en lo personal disfruto mucho y que me produce muchas cosas:

Calma
Sí, siento la más profunda de las calmas con el sólo mirar cómo es que el mar azota cada una de sus olas. No importa qué haya sobre la arena, el mar se lo lleva. Bordes, basura, animales, huellas, rastros, todo. No importa que haya traído el mar, él mismo se lo lleva.

Rastros
Así de complejas son las huellas sobre la arena y así de fácil desaparecen. ¿Cuáles son los rastros que dejaremos cuando nos vayamos? No importa, igual van a desaparecer. Así se complica el sentido de la vida, dejando un espacio abierto a las experiencia y a la inmediatez. 

Sentido
El sentido de la vida tendría que estar en la existencia, en las experiencias creadas a cada minuto. El presente es de lo único que podemos estar seguros. El presente es eso que se escucha cuando la ola golpea las piedras. Es la espuma salada que vuelve a la arena y que se pierde entre tus manos. Ese eco, ese es el presente.

Escucha
Se conoce al mar cuando puedes cerrar los ojos y entender en dónde vienen las olas. Cuando no necesitas mirar, para saber que una ola está por reventar ante ti.

Aquí está Rastro.

Todas las luchas son por la libertad

De poder salir de casa, de poder acelerar el paso, de poder detenerte, de poder mirar hacia el cielo, de poder disfrutar de la luna, de poder cerrar los ojos y sentir cómo cae esa ligera brisa sobre tu rostro, o de simplemente no hacerlo. Pero el poder elegirlo, el poder hacerlo más lento o más rápido, de eso se trata todo. Del derecho a elegir.

Muchas veces pienso que merezco poder tomar mis propias decisiones. Sin miedo. Sin preocuparme por lo que se dirá, por si es lo correcto o no. Merezco poder equivocarme, tomar el camino más largo o el más sinuoso sin tener que pedir disculpas ni permisos.

El poder pensar en ti y decidir en qué momento pensar en otra cosa. Esa es la libertad más compleja, la de elegir otras personas para estar. La libertad de estar y de ya no estar. La libertad de elegir el momento para dormir y para despertar. Todo se trata de eso. De elegir el camino hacia la tranquilidad. De no sólo suponer, de arrancarse las cadenas que marcan estándares, modos de vida, modos de pensar. De arrancarse las pesadas cadenas que no permiten, si quiera, imaginar cómo sería un mundo en donde uno tomara sus propias decisiones.

La libertad de un día ser yo y sólo yo. De no tener que considerar al mundo antes de dormir cinco minutos más. De no tener que temer por tomar más dulces del canasto, o de no desperdiciar tanto tiempo en la reacción que habrá sobre mis palabras. 

La libertad de un día poder caminar sólo, si es que no quieres caminar conmigo. De aprender a estar solo, para ser libre de elegir con quien caminar. Y de ser más libre cuando decidan no caminar contigo, y poder seguir caminando, porque tomaste la decisión de caminar sin estar condicionado a una compañía.

De eso se trata todo. De eso se tratan todas las disputas y los conflictos emocionales. En la capacidad de poder tomar tus propias decisiones. De la oportunidad de elegir tú, sobre todas las cosas, sobre todas las circunstancias, sobre todas las personas, sobre el momento de estar o dejar este mundo.