miércoles, 19 de octubre de 2016

El universo no deja pendientes

Estoy seguro de que fue una de esas cosas que ocurrió porque la estuve deseando durante tanto tiempo, que el universo no hubiera podido contra la fuerza que mi mente impulsaba contra él. Entraba a cada biblioteca pensando que iba a encontrar al libro de mi sueños y justo cuando estuviera apunto de levantarlo, me iba a encontrar con la mano extraña de otra persona, con la intención de arrebatármelo. Dejaría la caballerosidad para otro día y con mis reflejos de baterista me adelantaría para quedármelo y esconderlo en mi espalda con la finalidad de evitar me lo arrebate. Levantaría la cara solo para encontrarme con la dueña de la mano misteriosa, la mujer con la mirada más interesante del mundo, con la expresión mas retadora. nos miraríamos por un momento, no diríamos nada, simplemente nos miraríamos. Un empleado de la tienda llegaría a preguntar si todo está bien, pero ni su voz, ni su presencia nos sacaría de nuestro letargo en el que sólo existirían nuestras miradas pausadas en un mutis infinito. Algo abría de pasar, algo tan importante que me daría la tranquilidad de devolverle el libro con calma, ella lo tomaría con sus manos. Precisamente, con su mano derecha. Y con la izquierda me tomaría de la mano. Pondría el libro en el estante y saldríamos de ahí caminando juntos. Pasaríamos la calle sin soltarnos de una manera tan natural que no habría de sudarnos nunca la mano. Así, un día detenernos, volvernos a mirar y olvidar porqué estamos juntos, simplemente saber que la razón habría sido tan importante, que fue necesario eliminarla por seguridad, para seguir caminando, para no dejar nunca de ser, ni de estar. ¿En dónde se guardarían esos recuerdos ocultos? En alguna parte del corazón, en alguna parte del alma, en un sitio que no se ve, pero que se siente con la fuerza que el mar revienta sobre una roca. Que se siente como cuando un mazo estrella contra la roca que hace polvo. Sobre el corazón y retumba el alma. Esa que no se ve, pero que todos sentimos cuando dos miradas se encuentran y sin decirse nada sienten la más profunda de las emociones. Duele. Duele olvidar. Duele no saber cómo llegaste hasta aquí. Duele no recordar porqué las miradas se mantienen imantadas y porqué los cuerpos se mantuvieron ergonómicos. Duele sentir ganas de llorar cuando escuchas esa canción con la que pensabas en ella, y no recordar porqué te duele tanto, si olvidaste todo. Sólo sientes un dolor que te arrebata el aire de los pulmones. Hace que lloren los ojos. No se va. Entonces mirar ese libro que no leíste, pero que fue el que te conectó con ella. Mirarlo y pensar que le debes algo, leerlo, al menos.

Estoy seguro de que todo eso pasó. Estoy seguro de que el universo no hubiera dejado ese pendiente para luego. Fui yo el que olvidé. Soy yo el que no recordaré nunca. Son mis pensamientos, que se quemarán como el oxígeno de una fogata para regalar al mundo un poco de calor y después no existir jamás.


Una foto publicada por Josue Contreras (@josuerodrigo) el

jueves, 6 de octubre de 2016

If I could be who you wanted... All the time

A green plastic watering can
For a fake Chinese rubber plant
In the fake plastic earth
That she bought from a rubber man
In a town full of rubber plans
To get rid of itself
It wears her out
It wears her out
It wears her out
It wears her out
She lives with a broken man
A cracked polystyrene man
Who just crumbles and burns
He used to do surgery
For girls in the eighties
But gravity always wins
And it wears him out
It wears him out
It wears him out
Wears him out
She looks like the real thing
She tastes like the real thing
My fake plastic love
But I can't help the feeling
I could blow through the ceiling
If I just turn and run
And it wears me out
It wears me out
It wears me out
It wears me out
And if I could be who you wanted
If I could be who you wanted
All the time
All the time





domingo, 2 de octubre de 2016

El día en que nos volvamos a encontrar

Las mañanas frías cuando me enfrentaba al choque de la helada mañana sobre mis mejillas, volteaba a ver al piso del patio. Ahí estaba Demon, mi perro. Esas mañanas no se levantaba a acompañarme hasta la puerta de la calle, sólo me miraba de reojo y volvía a meter su cara entre sus orejas. Por momentos lo envidiaba, él no debía salir tan temprano y podía dormir un poco más. Él decidía la hora para levantarse, cuando tenía ganas de ladrar toda la noche, lo hacía. Cuando no, como esas mañanas terriblemente frías, sólo me miraba partir. Después pensaba en cómo podría ser la mente de un perro, la mente de un ser que te mira y son sus instintos los que motivan sus acciones. Demon no se pregunta nada. Sólo ataca cuando siente peligro, y se pone de pie de un brinco cuando quiere agradar a los demás, o se duerme cuando tiene frío. No se pregunta por qué. No se pregunta por qué aparecen personas un día y porque ya no están al otro.

No me gusta pensar en la razón por la que aparecen cosas y después desaparecen. No me gusta pensar en que hay una razón para todo. Detesto pensar en fuerzas superiores que tienen planes y que no importa qué hagas, si hay un plan diferente para ese día, tendrá que ser así. Diferente.

Sin embargo lo hay. Sin embargo es casi irremediable que haya algo escrito. Somos el resultado de un guión. Que no escribió uno solo, sino un pool de creativos que ni son tan creativos y que marcan nuestros pasos. Así es. 

Me gustaba pensar que sería mejor ser Demon. No preguntarme por cosas. Simplemente dormir y ya. Simplemente despertar y ya. Simplemente morir y ya. Sin tantas responsabilidades, sin tantos deberes que hacer en la vida para disfrutar en la muerte. Sin la obligación de esperar un día a que se acabe todo para que siga quién sabe cómo y cuándo y dónde. La verdad es que no estaba muy seguro de querer seguirme preguntando cosas. Mejor morder la escoba y en eso invertir la tarde. No en pensar porqué un día aparece alguien y después desaparece. 

No sé si Demon me extrañe ahora. Yo sí lo extraño, me gustaría que se sentara junto a mi mientras busco estrellas con el telescopio. Pero ya no está. Ya tampoco miro estrellas con el telescopio ni me siento en el patio por las noches. Las cosas han cambiado y a veces sí las extraño. ¿Pero Demon? 

No sé dónde esté ahora. Cuando cerró los ojos pensé que no lo volvería a ver nunca. Pero el resto de mi vida sería terrible si no me hago la idea de que nos volveremos a encontrar. Además no soy de esos. Soy de los que piensa y piensa en cómo tendrían que darse las cosas para que ocurran. Hacer que suceda. Hacer que suceda. Hacer que suceda. Eso es lo que pasa por mi cabeza mientras Demon quizás solo mueva la cola ese día en que nos volvamos encontrar.

Stories of life and death.

Un vídeo publicado por Josue Contreras (@josuerodrigo) el